SOLO UNAS MONEDAS
Limpia lunas de los micros que transitan por la avenida Grau. Aquella mañana no lo vi hasta que estuvo a unos centímetros del asiento del copiloto donde me hallaba. Quizás no lo observé porque mi mente iba divagando entre las líneas de un mundo dibujado por Gabo en uno de sus muy aclamados libros.
Yo estaba tan lejos pero todavía podía oír, como si fuera un susurro, la voz prepotente de un pasajero que pedía avanzar a mayor velocidad, como si el decir eso hiciera que el semáforo cambiara más rápido.
La furia del cobrador se liberó cuando este comenzó a gritarle a aquel anciano cuyos ojos habrían de capturar mi atención, que se alejará. No vi el momento en que él comenzó a limpiar el parabrisas de la línea EM-02 que va desde Salamanca a Carabayllo, pero imagino que aprovechando un semáforo rojo, tomó el trapo que colgaba de su brazo y empezó su labor sin pedir permiso. Solo quería unas monedas.
Toda aquella atmósfera en la cual estaba se rompió con un portazo del cobrador cuando la luz verde nos indicaba proseguir nuestro camino. Atrás quedó aquel anciano que he ver en la misma esquina, con el mismo balde y el mismo trapo pero jamás con la misma expresión. Yo continuaría la lectura de mi libro y él aprovecharía la siguiente oportunidad que solo una luz roja le puede dar.
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